Testimonio: Hombre con Crisis de Angustia

Todo empezó cuando falleció  mi papá, y años después mi tío, de un infarto. Ambos fallecieron en mis  brazos.  Días después, sentí en carne propia los síntomas de un infarto, sentí  miedo y pensé que me infartaba. Tales fueron mis sensaciones que fui inmediatamente a Urgencias del hospital de Cardiología.

Me hicieron los estudios  de rutina y todo estaba bien, los médicos me dijeron que estaba completamente sano del corazón. Allí comenzó mi sufrimiento porque a pesar del diagnóstico que me dieron yo seguía sintiendo que en cualquier momento me iba a dar un infarto, igual que a mi padre y a mi tío. La mía  ya no fue una vida normal, no podía salir solo, hacer mis actividades regulares, dejé de trabajar, no tenía vida social, no podía dormir, descuidé a mi familia, no podía comer tranquilo y llegué a llorar de desesperación, miedo e impotencia.

Algo tenía que hacer: acudí a muchos médicos, cardiólogos, psiquiatras, fui con brujos, psicoanalistas, alcohólicos anónimos, 4º y 5º pasos, neuróticos anónimos, practiqué yoga, etc. ya no sabía que hacer, me estaba volviendo loco y recurrentemente tenía las sensaciones de estar sufriendo un infarto. Había desesperado a toda mi familia a cualquier hora iba a cardiología y cuando les avisaba yo ya  estaba en el hospital, ellos no sabían que hacer. Así pasé un año, con miedo de salir solo, con angustia constante de que me fuera a dar un infarto y con una gran desesperación de no sentir mejoría con todo lo que intenté. El diagnóstico psiquiátrico que me dieron fue que tenía crisis de angustia. Me la pasé visitando médicos y terapias hasta que alguien me hablo de la biomnémica y dije “otra terapia más” pero saqué una cita. Al inicio no creía en esta terapia, porque no podía dejar de pensar un solo momento en el infarto y me preguntaba: “¿habrá algo que haga que deje de pensar en el infarto?”. Con cada sesión de terapia biomnémica, sin darme cuenta, dejé de pensar que me iba a infartar, estaba distraído con otras cosas y ya no  pensaba en el infarto poco a poco  fue desapareciendo ese malestar físico (presión en el pecho, taquicardia, dolor en el brazo izquierdo, falta de aire, etc.) en pocos meses empecé a  recuperar una vida normal, no lo podía creer era algo sorprendente estaba feliz de tener una vida como antes, iba y venía ya sin miedos y sin ningún malestar.

Siempre  he dicho que fue “la gracia de Dios” el haber conocido esta terapia, y gracias a los que la practican, gracias a la BIOMNÉMICA soy yo nuevamente y volví a nacer porque no es nada grato vivir con miedo, angustia y desesperación  y es algo que no se lo deseo a nadie.

Actualmente vivo feliz a lado de mi familia desarrollándome como era antes y todo quedó en el pasado, como si solo hubiera sido  una pesadilla.

Gracias.